domingo, 17 de abril de 2016

La inteligencia de los animales

En nuestro día a día, un gran número de personas nos relacionamos con animales, ya sea porque son nuestros o de algún conocido, amigo o familiar. Habremos oído multitud de veces, o quizá hasta lo hayamos dicho nosotros mismos, eso de "a mi gato solo le hace falta hablar" o "mi perro no se acerca a ciertas personas porque percibe de algún modo su aversión a los animales" o "mi gato es más listo que algunas personas que conozco"...

Mis gatos Neo y Travis
Neo y Travis
Sin embargo, esos mismos animales, inteligentes sin duda alguna, muchas veces son apartados sin consideración ninguna cuando molestan. Todavía hay mucha gente que piensa que los animales son una especie de juguetes que se mueven mecánicamente, simplemente por instinto. Esta manera de pensar dificulta que ante el sufrimiento de un animal se sienta empatía, una actitud que todavía es demasiado frecuente en nuestros días.

Se han realizado ya muchos estudios que reflejan que los animales son más inteligentes de lo que pensamos. En este artículo veremos algunos casos que seguro sorprenderán a muchos lectores. Decía Charles Darwin: "A los animales, que hemos convertido en nuestros esclavos, no nos gusta considerarlos nuestros iguales".

La inteligencia de los animales

Numerosos estudios avalan actualmente la certeza de que los animales, más allá de los primates y los delfines que nos vienen a la mente de inmediato, poseen una inteligencia muchas veces sorprendente. Veamos algunos ejemplos.

La científica Irene Pepperberg estuvo trabajando durante varios años con un loro africano al que llamó Alex. Le enseñó a hablar, pero además el ave comprendía el significado de las palabras, no las repetía de un modo automático y sin sentido, como se creía hasta entonces que sucedía con estos animales. Cuando veía un recipiente con fruta decía: "Uva", y cuando alguien tomaba café: "Caliente". Cuando le enseñaban dos objetos distintos, pero del mismo color, y le preguntaban: "¿Qué es igual?", él respondía de inmediato: "Color". Y al interrogarle sobre la diferencia, contestaba: "Forma".

A tal extremo de inteligencia llegaba este animal, que un día, mientras su cuidadora enseñaba a otros loros principiantes a modular palabras, Alex en un ataque de impaciencia le espetó a uno de ellos: "¡Habla con claridad!". Realmente sorprendente.

Una vez que la Dra. Pepperberg lo llevó al veterinario y lo dejó para que le operasen, al verla marcharse chilló: "Ven. Te amo. Lo siento. Quiero volver". Alex falleció a los 31 años de edad, dejando un recuerdo inolvidable a todos los que estuvieron en contacto con él.

Pero no es el único caso que refleja la inteligencia de las aves, también los cuervos que habitan en la isla de Nueva Caledonia, en el Océano Pacífico, son sumamente habilidosos fabricando y utilizando utensilios, tallos y ramas que usan para escarbar en las palmeras y buscar las larvas más grandes.

Urraca azuleja
Urraca azuleja
La urraca azuleja también posee una inteligencia digna de estudio, pues si cuando oculta su alimento se percata que otra urraca la está observando, volverá a cambiar la comida de lugar cuando la urraca "espía" se haya ido, dando a entender que sabe perfectamente que si no lo hace le robarán su parte de alimento. Otro hecho que también sorprende enormemente de la urraca, es que recientemente se ha comprobado que este animal es capaz de reconocerse en el espejo, junto a los grandes primates, los elefantes y los delfines.

Y cómo no hacer referencia a los gorilas y comentar el caso de Leah, que vive en la República del Congo. Un día entró en un lago con recelo, cuando el agua le llegaba a la cintura salió de inmediato. A los pocos minutos volvió a entrar cogiendo la rama de un árbol de una longitud aproximada de un metro, que introducía en el agua una y otra vez, para luego apoyarse en ella y caminar despacio. La sensación era que estaba comprobando la firmeza del fondo del lago o bien midiendo la profundidad de éste.

Respecto a las ratas, seguro que algunos lectores que viven o pasan temporadas en el campo se han encontrado en algún momento con el problema que representan estos roedores y que por mucho veneno que se les eche, nunca parecen extinguirse. Pues bien, actualmente ya se sabe que las ratas rechazan la comida envenenada cuando han visto que uno de sus congéneres se ha sentido enfermo o incluso ha muerto después de comer determinado alimento. Este hecho se extiende de inmediato al conjunto de roedores, e incluso las crías saben que no deben ingerir dicha comida envenenada.

La revista Science publicaba en 2005 un artículo donde afirmaba que la risa no es un acto exclusivamente humano, sino que hay animales que también ríen. Según los científicos que llevaron a cabo dicha investigación, las ratas en sus juegos producen una especie de gritos que evidencian emociones positivas semejantes a la alegría. También los chimpancés, cuando juegan y se hacen cosquillas unos a otros, emiten sonidos que se pueden equiparar a la risa humana.

Orcas
Orcas
Hace ya unos años, el desaparecido investigador y explorador Jacques Cousteau persiguió con su barco a un grupo de orcas. En un principio los animales nadaban tranquilamente, hasta que comprobaron que no podían despistar a sus perseguidores. Después nadaron más rápidamente, pero tampoco eso surtió efecto. Así que las orcas empezaron a simular giros y a nadar en ángulo, pero tampoco así perdían el barco de vista. De repente, el macho y la hembra de mayor tamaño nadaron delante del barco, mientras el resto de animales huía en dirección contraria. Indudablemente, estaban intentando engañar a sus perseguidores, lo que indica un alto grado de inteligencia, pues el cerebro debe comprender las circunstancias y decidir un modo de actuar para cambiar esas circunstancias que no le agradan o convienen. En resumen, es lo que hacemos los humanos.

El zoólogo Donald R. Griffin sostuvo durante años sus ideas, afirmando que los animales piensan y poseen conciencia. Para muchos fue pionero en el estudio de las capacidades mentales de los animales, y el creador de la etología cognitiva. Este investigador afirmaba que ciertos animales son dueños de mentes complejas con las que solucionan los problemas que la vida les plantea, y además les afecta lo que ocurre en su entorno, por lo que para él eran seres inteligentes y conscientes. Donald Griffin falleció a finales del año 2003, dejando tras de sí un extraordinario equipaje de conocimiento y sensibilidad hacia los animales.

El filósofo griego Porfirio decía: "Si los hombres tienen más inteligencia que los animales, esto no es una razón para sostener que los animales no la tienen en absoluto; del mismo modo sería erróneo sostener que las perdices no vuelan porque los gavilanes vuelan mejor que ellas".

El momento del adiós

Mi gato Poky
Poky
Y para terminar, y aunque este artículo fue publicado en papel ya hace unos años, permítaseme añadir de nuevo un recuerdo a un ser muy especial que me acompañó durante 19 largos años, mi gato Poky. El 6 de septiembre de 2008 hubo que practicarle la eutanasia para evitarle un sufrimiento innecesario. Todo aquel que haya pasado por un proceso similar sabrá lo dolorosa que es la despedida pero, al mismo tiempo, lo gratificante que resulta saber que durante tantos años ese maravilloso animal ha sido feliz, ha disfrutado de la mejor vida y al final se ha ido sin el menor sufrimiento. Hay un momento para todo, para comenzar y para terminar, y es bueno comprender que cuando llega el día del adiós lo mejor es dejarles ir.

Quien nunca ha tenido un animal al que querer, al que mirar a esos ojos que te dicen tantas veces que saben mucho más de lo que imaginas, con el que compartir este camino de la vida y que, como no, te saque de tus casillas también en algunos momentos, no sabrá nunca el vacío que deja después y tampoco comprenderá que se está perdiendo una de las más maravillosas experiencias de la existencia. Al final quedan muchos recuerdos y un enorme bagaje de vida, porque como decía el poeta y escritor Fernando Pessoa: "Aquello que se ha sentido, es lo que se ha vivido". Gracias por ese espacio de vida compartido.


Beatriz Moragues - Todos los Derechos reservados
Artículo publicado originalmente en El Mundo del Gato


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