sábado, 9 de abril de 2016

Ancianos y animales

Cuando era pequeña, en los colegios tenían la costumbre de llevar a los niños, en una especie de extraña excursión, a los asilos o residencias de ancianos. Recuerdo la primera vez que fui, debía tener unos siete años. Y allí, entre aquellas paredes empapadas de soledad, había una mujer que captó nuestra atención. Anciana, un poco ida, sentada en su silla, que al vernos, no cesó de repetirnos: "¡Por favor, traedme el perrito!". Nos lo pidió una y otra vez, con tono lastimero, hasta que nos marchamos.  

Aquellas personas, hombres y mujeres, en el final de sus vidas, solos y aparcados entre aquellos muros, hubiesen agradecido los juegos de un perrillo, el ronroneo cariñoso de un gato o simplemente el canto de un pájaro. Y no, no estoy diciendo que esa fuese la solución a su abandono. La solución era, y es, el no abandono. Pero, sinceramente, no creo que cuando nosotros nos fuimos de allí, a seguir con nuestros juegos y nuestras risas de niños, los hijos de aquella mujer (que los tenía, al menos eso nos dijo) le llevasen el perrito, ni siquiera que se llevasen a sí mismos. Pero este artículo no trata de la situación de los ancianos en la sociedad, sino de lo que los animales pueden hacer por ellos. Y a eso vamos.

Terapia con animales


Gran parte de la población desconoce los maravillosos resultados que conlleva la compañía de un animal. Hipócrates, médico griego (460-377 a.C.) que está considerado el padre de la medicina, ya manifestaba los beneficios de la equitación.




La primera utilización terapéutica de animales de compañía fue en 1792, en el asilo de York, Gran Bretaña. Y en 1867, una institución alemana empezó a utilizar animales, especialmente con enfermos epilépticos.

En la actualidad, se calcula que hay unos seis millones de perros y gatos en los hogares españoles. Pero que nadie crea que regalar a un anciano un animal va a ser la solución de todos sus problemas, este tipo de terapias necesitan una planificación metódica para obtener resultados positivos. Y también hay que aclarar que no es una moda o un deseo de las personas a las que les gustan los animales, sino que están basadas en estudios realizados en Alemania, Inglaterra, Estados Unidos y en España.

Existen instalaciones y profesionales que se dedican a formar a estos animales para que su compañía sea algo más que eso, sea parte de una terapia que aumente la autoestima y la sensación de sentirse útil de las personas mayores. Siempre teniendo en cuenta que no es valida para todo el mundo, ya que no a todas las personas les agradan los animales. Y, por otra parte, también el tipo de animal dependerá de las características del anciano. Puede ser un perro, un gato, un pájaro o hasta peces de colores.

En los países desarrollados la expectativa de vida es cada vez mayor pero, en gran parte de los casos, eso va unido a enfermedades crónicas. Además, el hecho de que las familias se hayan reducido de forma espectacular en los últimos años, la decadencia de las zonas rurales, etc, hace que el número de personas mayores que viven solas vaya en aumento, hecho que va a ir a más en las próximas décadas. Los animales de compañía son un óptimo revulsivo para la soledad de estas personas.

En Estados Unidos se realizó una encuesta donde se percibía que las personas de más de 65 años que compartían casa con un animal de compañía sufrían menos depresiones, posiblemente porque tienen en el animal al receptor ideal de gran cantidad de su afecto, al mismo tiempo que lo reciben, sobre todo si se trata de un perro o un gato.

Por otra parte, también las personas hospitalizadas se recuperan con más prontitud cuando tienen a ese "amigo" esperándoles en casa, que saben que depende totalmente de ellas.

Y aunque casi siempre se piensa en perros o gatos, como decíamos antes, también otro tipo de animales benefician la calidad de vida de los ancianos. Se ha comprobado que personas mayores que tienen pájaros o peces de colores, mejoran su salud física y las relaciones con los vecinos, así como su interés por la vida y su sentido de la responsabilidad. Es decir, que tanto si el animal forma parte de una terapia, como si es simplemente un compañero de vida, va a repercutir en un bienestar de la persona mayor y en una mejora de su calidad de vida.

Con todo esto, se llega a la conclusión de que un animal de compañía mejora la salud física y psíquica de las personas mayores, aumenta su autoestima, llena los vacíos y la soledad, ofreciendo gratuitamente enormes dosis de cariño. ¿Qué piden a cambio? Un poco de responsabilidad, mimos y alguna golosina como premio. Pero que nadie se confunda, los animales no deberían sustituir a las personas. Los ancianos necesitan que sus seres queridos estén con ellos, se preocupen por ellos y les den el afecto necesario. Los animales no pueden suplir totalmente la falta de afecto de una persona, como tampoco sustituyen una terapia médica. Los animales sólo ayudan, a veces de un modo increíble, en un mundo tremendamente imperfecto.


Beatriz Moragues - Derechos Reservados
Artículo originalmente publicado en la Revista Natural


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